Equilibrio entre resolución y lineatura


Serie LA TRAMA / 4

uando decimos que una resolución de imagen adecuada a una lineatura de 100lpp sería de 141ppp pero suele redondearse a 150ppp, ¿estamos diciendo que esa lineatura es habitual? ¿Y lo es ese redondeo? Las lineaturas más utilizadas en imprenta son: 50, 65, 80, 100, 120, 133, 150, 175 y 200lpp. De todos modos, a quienes nos dedicamos al diseño, lo que nos interesa es conocer la relación existente entre la lineatura y la resolución de las imágenes que utilizamos.

Sabemos que la resolución tendrá que ver con el material sobre el que imprimamos. De hecho, la naturaleza del soporte limita la elección de la lineatura del dispositivo de impresión y es ésta la que nos obligará a utilizar imágenes de cierta resolución. Cuando hablamos con un impresor —y de la conversación deduce que sabemos lo que significa la lineatura— una petición habitual suele ser que la resolución de las imágenes sea el doble la lineatura que va a usar para imprimirlas... y si la lineatura no sale en la conversación, atajará pidiéndonos imágenes de 300ppp. ¿Por qué? ¿Para quitarse problemas? Pues la respuesta, aunque con un trasfondo más complejo, es que sí.

Pero vayamos poco a poco: del ejemplo obtuvimos el resultado de que imágenes de 141ppp se imprimirían bien a 100lpp, pero adelantamos que esos 141ppp se redondeaban a 150ppp y ahora hablamos del doble de la lineatura: 200ppp. ¿Es realmente necesario?

Aunque según a quien preguntes te dará distintas razones, lo cierto es que el hecho de la imagen tenga el doble de resolución que la lineatura de la máquina que la imprime implica que la rasterización creará, como vimos, un punto de trama por promedio de cuatro píxeles. Estos “paquetitos” de cuatro píxeles suponen una cantidad de información cromática suficiente para que el punto de trama resultante refleje con cierta fidelidad ese área de la imagen. ¿Significa eso que a mayor resolución, la fidelidad aumenta? Pues ahí llega la respuesta que buscábamos antes, ya que una resolución, por ejemplo, triple de la lineatura, no mejora sensiblemente el resultado impreso, pero aumenta sobremanera el tamaño y peso de la imagen así como el tiempo de rasterización. Se trata, pues, de una cuestión de equilibrio que haga eficaz el trabajo de impresión. El que resoluciones mayores (en proporción a la lineatura) no impliquen mejores resultados tiene que ver con el hecho de que promediar “paquetitos” de 9 píxeles (para una relación 3:1 entre resolución y lineatura) o 16 píxeles (4:1) termina desgastando la imagen, desenfocando (o incluso eliminando) pequeños detalles en unas zonas —imaginemos un pelo negro vertical de un píxel de grosor siendo promediado con otros doce píxeles claros del fondo en la relación 4:1 y la diferencia de hacerlo con sólo 2 en la relación 2:1— y generando pixelados y muaré en otras. Una imagen de gran resolución, pues, no sirve de nada si no se corresponde con la lineatura adecuada.


Esquemas de las celdas que quedarían a una misma lineatura desde una imagen a distintas resoluciones. La resolución mayor provoca pixelados y pérdida de continuidad en líneas definidas

Aún nos queda la duda de esa petición general de imágenes de 300ppp. La respuesta está en que esa resolución, en la mayor parte de los casos, será suficiente para conseguir una buena calidad de impresión aplicada a las lineaturas utilizadas en imprenta para los encargos y los materiales habituales.

¿Y no alcanzaríamos mayor calidad aumentando la lineatura? Además de la limitación que el soporte nos impondrá, hay que tener en cuenta que a mayor lineatura, menor cantidad de tonos pueden reproducirse, ya que en la misma unidad de superficie hay que imprimir más puntos de trama que tienen un tamaño menor y, por lo tanto, menos tamaños posibles de punto. El resultado es un aumento de contraste en la imagen y una mayor probabilidad de aparición de áreas con bordes definidos en lo que deberían ser tonos continuos. Como siempre, el equilibrio es la clave.


Si imaginamos una máquina que imprima a una resolución de 20ppp, a una lineatura de 4lpp caben, en cada pulgada, 4 celdas de 5 puntos de lado, lo que significa 26 tonos diferentes. Si aumentamos la lineatura a 5lpp, dispondremos de 5 celdas de 4 puntos de lado, lo que reduce los tonos posibles a 17

Ubicación del contorno


Serie TRABAJO CON CONTORNOS / 2

n los programas de diseño vectorial, el contorno de un objeto es una línea que coincide con el borde del mismo y al que se le puede asignar un grosor —entre otros parámetros—. La magnitud del grosor, en principio, se extiende en ambas direcciones desde el borde del objeto; es decir, en un contorno que tenga 6 unidades de grosor, 3 de esas unidades tienden hacia el exterior del objeto y otras 3 hacia el interior. Esto supone un problema, ya que los contornos gruesos pueden ocultar partes importantes del relleno de un objeto. Para evitarlo existen diferentes vías.



CorelDRAW, por ejemplo, permite colocar el contorno por detrás del relleno. La parte “interna” del contorno —la que cubriría parte del relleno— es la que queda oculta. Sólo hay una pega: como la mitad del grosor queda oculta, si queremos que sea visible un contorno de 6 unidades, deberemos aplicar un grosor real de 12: 6 visibles y 6 ocultas.



Por su parte, Illustrator (y demás aplicaciones vectoriales de Adobe) permite alinear el contorno al borde del objeto (“centrado” en él), por fuera o por dentro del relleno.



La alineación exterior permite mostrar el relleno al completo, mientras que la alineación interior es útil cuando la ocultación de relleno no es tan importante como la correcta visualización del resultado de una operación de alineación entre objetos, sin que el grosor del contorno lo falsee ópticamente.

La delgada línea negra


Serie TRABAJO CON CONTORNOS / 1

gual que el dibujante piensa en trazos y la pintora en pinceladas, quien use un programa vectorial tiene en mente vectores, esas líneas elásticas que nos proporcionan tanta libertad creativa y que, en pantalla, comienzan siendo líneas visibles —denominadas contornos, trazos...—; y digo que comienzan porque cuando un objeto vectorial posee un relleno que lo destaca del fondo ya no es necesario el contorno para identificarlo. Y al llegar a este punto recomiendo a mis alumnas que se deshagan de ellos tan pronto como les sea posible. Los contornos dan problemas.

Es cierto que en la fase de trazado y composición, tener a la vista los contornos resulta útil, pero en un momento dado debemos pararnos y preguntarnos si de verdad hacen falta. Si es que no, fuera.



Y si es que sí, no se debe olvidar que son entidades engañosas; por ejemplo, poseen un grosor que puede afectar al aspecto del objeto en operaciones de escalado:



Pueden alterar visualmente las alineaciones de objetos, ya que para estas operaciones, los programas sólo suelen tener en cuenta los límites del relleno (el objeto en sí) y no el borde suplementario que añade un trazo grueso:



Un ilustrador preferirá entidades más modelables que un mero contorno para dar realce a sus creaciones:



Usar trazos gruesos para crear objetos simples ahorra peso al archivo, pero puede ser una pesadilla cuando esos mismos objetos dejan de ser simples:



¿Cómo evitar todo esto? Primero debemos conocer la naturaleza de los contornos para aprovechar sus ventajas y olvidarnos de ellos cuando los inconvenientes no nos compensen.