El síndrome del sello de caucho



Me prometí que en esta bitácora no me iba a calentar, pero este tema tenía que salir tarde o temprano. El arte es subjetivo, no hay duda. Pero hay casos sangrantes en que “supuestos” diseñadores gráficos se aprovechan de las circunstancias para ganar reconocimiento o dinero sin esforzarse ni lo mínimo. A veces, mucho reconocimiento y mucho dinero. Dinero que a los demás diseñadores —que no hemos caído en gracia, mira tú— nos cuesta mucho ganar. A lo largo de tu trayectoria profesional te encuentras con clientes difíciles, con problemas con las imprentas, con malentendidos o imprevistos que retrasan plazos a los que te habías comprometido, con falta de profesionalidad, responsabilidad o respeto en personas que forman parte, como uno mismo, de la cadena que da como resultado un producto gráfico… Con todo ello briegas y forma parte también de tu trabajo, mal que te pese. Por lo tanto, permitidme que me indigne con un ejemplo.

Fue sonada, por lo menos en el ámbito del diseño gráfico local, el caso del cartel del Festival de Cine Español de Málaga de este año, “diseñado” por David Delfín, un diseñador de moda más famoso entre el gran público por taparle la cabeza o envolver en sillas a sus modelos que por su ropa. Pronto se supo que el diseño era clavado a otro que había realizado meses antes para el Festival Internacional de Benicàssim. No voy a opinar sobre la estética del cartel, porque, como ya dije al principio, para gustos, colores. Pero sí me veo obligado a apuntar ciertos hechos que me parecen destacables acerca de su bondad:

Primero: la información del cartel es insuficiente —si tenemos en cuenta además que no es más que texto negro y espacio blanco, ya tiene delito. Me refiero a que si ves el cartel de primeras, no sabes qué te anuncia. No forma parte de una campaña por fases, donde la restricción de la información es un recurso… es el cartel de un festival de cine y no se hace referencia a ello, de hecho no hay nada que recuerde ni remotamente al cine. Es como diseñar una tarjeta corporativa y negarse a utilizar el logotipo de la empresa. No utilizar elementos informativos relevantes en una obra gráfica es un error muy grave. La obra gráfica está al servicio de la comunicación de un mensaje. Si la obra impide la comprensión del mensaje, sencillamente no es válida. Recomiendo a David Delfín repasar un poco los fundamentos de la teoría de la comunicación.

Segundo: las comparaciones son odiosas. No me refiero a que si ojeas los carteles de ediciones anteriores del festival encuentras verdaderas maravillas, que así es; sino que, al observarlas te das cuenta de que, formalmente, todos aquellos diseñadores tuvieron que incluir, como es natural, ciertos elementos gráficos y nomenclatura oficial que David Delfín se ha saltado a la torera. ¿Falta de interés de David? ¿Error de supervisión de los organizadores? ¿A David se le permite todo? Aquí se me quitan las ganas de recomendar nada a nadie.

Tercero: no es pecado repetir un diseño, pero que este señor no pretenda, como ha dicho en alguna entrevista, hacernos creer al resto de los mortales que eso es un estilo o una seña de identidad. Cualquier buen artista tiene un estilo reconocible sin repetir una obra y sin utilizar ad nauseam la misma tipografía. ¿A qué festival le va a vender su única idea este señor el año que viene? Porque el ayuntamiento de Málaga le pagó 21.000 euros según el concejal de cultura (3.000 de ellos en concepto de “propuestas de gastos presentadas por el diseñador”… ¿en qué se los ha gastado? En rotuladores de colores desde luego no). A todas luces, tan escaso trabajo intelectual, no ya de ejecución, no merece esa suma. El concejal decía sentirse “muy orgulloso” del cartel. Una ración de Historia del Arte para todos.

Resulta que la confección de un cartel para este festival en concreto es uno de los ejercicios de composición que sugiero a mis alumnas y alumnos de diseño gráfico. Les motiva personalmente, les implica en un caso real y ejercitan las rutinas de preparación de imágenes y búsqueda de equilibrio entre elementos obligatorios y los que son fruto de su creatividad. Como puedes imaginar, tengo más de una razón para que el cartel de David Delfín me pinte un oscuro punto de tristeza.


Comparación entre los carteles oficiales del festival y la camiseta del FIB, cortesía de Sicopop y la página oficial del festival.