La voz congelada



“Architektur ist gefrorene Musik”
[“La Arquitectura es Música congelada”]
—Arthur Schopenhauer

En 1886, Otto Jespersen, miembro de la Asociación de Profesores de Fonética que se fundó en Francia aquel mismo año, propuso crear un alfabeto fonético en el que cada letra se identificara con uno de los sonidos del habla, de manera que fuera algo así como un abecedario universal al que pudiera transcribirse cualquier lengua, reflejando con exactitud su pronunciación. La primera versión del Alfabeto Fonético Internacional (IPA, en sus siglas en inglés) se terminó dos años después y ha ido ampliándose y perfeccionándose a medida que el estudio de los idiomas del mundo ha permitido conocer mejor la asombrosa diversidad de la comunicación oral. Aquella asociación de profesores es hoy la Asociación Fonética Internacional.

Para el tipógrafo, este alfabeto es al mismo tiempo un deleite y un reto. Naturalmente, las letras latinas de nuestros alfabetos centroeuropeos fueron las primeras en tomar posiciones en el nuevo con valores semejantes a los que siempre tuvieron, pero pronto hubo que idear símbolos para sonidos que hasta entonces no se escribían con una sola letra o variedades distintivas de un mismo sonido. Para sonidos propios de idiomas concretos se solía recurrir a letras de sus alfabetos; pero el estudio de las lenguas de extremo oriente, África y el Pacífico reveló que era necesario desarrollar una notación que pudiese codificar la enorme riqueza sonora de idiomas como el !Xóõ, lengua africana con múltiples variantes sonoras de sus vocales, casi un centenar de consonantes y en el que las calidades de tono deben ser tenidas en cuenta. Así nació un ejército de nuevas letras y símbolos diacríticos.

Con el desarrollo de los medios de comunicación se quedaron cortas, estéticamente hablando, las pocas fuentes tipográficas con las que el IPA apareció durante décadas en libros de texto y diccionarios —fuentes obtenida en ocasiones mediante la grosera manipulación de los tipos clásicos. En la actualidad, no sólo existen archivos de fuentes que te permiten instalar en tu equipo el alfabeto fonético, sino que todos los proveedores occidentales de prestigio están añadiendo en sus archivos de fuentes juegos de caracteres adicionales al tradicional que incluyen los alfabetos árabe, hebreo, cirílico… y por supuesto, el IPA. Para ello ha sido necesaria una pequeña revolución en el ámbito de los formatos de fuentes y en el modo en que los sistemas operativos hacen uso de ellas.

En cuanto al diseño de todos esos caracteres nuevos, los tipógrafos han tenido que enfrentarse a la fascinante tarea de analizar las formas básicas de los nuevos símbolos para vestirlos con las características formales que definen cada una de esas fuentes, salvaguardando la coherencia y solidez de éstas y estableciendo en ocasiones nuevas normas tipométricas allá donde rasgos nunca vistos habían de ser plasmados.


El diagrama del IPA que distribuye la Asociación Fonética Internacional, en Times.