Cita con las letras



En una cita, y sobre todo en la primera, uno se fija hasta en el más pequeño detalle de la otra persona. Pues bien, cuando en la primera clase de tipografía yo les presento los caracteres a mis alumnas y alumnos, ocurre lo mismo: aquello en lo que nunca te habrías fijado al cruzarte con alguien por la calle, resulta ahora revelador cuando te sientas enfrente.

El velo de trivialidad que cubre a las letras se desvanece. Esas mismas letras que escribimos, tecleamos y se nos cuelan a miles por los ojos cada día; las que nos parecen iguales, las que no merecen demasiada atención en ese vertiginoso cruzarse por nuestro cerebro, las que acaso hasta entonces hayan sido asumidas como un mero instrumento de la información… ésas, resultan tener personalidad y manejar formas inimaginadas, sutiles, de transportar, de ser ellas mismas información.

Aprendemos que las letras son como pequeños cuerpos cuyas partes tienen nombre —muchos, por extensión, de miembros humanos—. Que se apoyan en un conjunto de líneas imaginarias como las notas en un pentagrama. Que el origen de sus formas es ancestral. Que hay libertad para trazar nuevos tipos, nuevos modelos de letras, dentro de unas tácitas reglas de legibilidad para las que nuestro cerebro es árbitro. Que ni siquiera lo que percibimos igual entre letras vecinas lo es, si nos fijamos bien. Que para que exista armonía entre las letras de un mismo tipo habrá que romper alguna regla aparentemente lógica.

De todo ello quiero ir escribiendo poco a poco. Y poco a poco iré desgranado hallazgos que, desde Internet —ya que es nuestro medio—, pueden ayudarnos a profundizar en estos temas o simplemente ilustrar mi texto. Sería absurdo duplicar información; hay tanto ya hecho que prefiero llevaros de la mano hasta las fuentes de (in)formación que ya existen. Y la primera, a mi entender, debe ser la página de unos tipos duros, un acertado juegos de palabras para el proyecto de tres apasionados de la tipografía, como así se definen, donde podemos encontrar todo lo necesario para aprender las bases del oficio, enterarnos de cuanto está ocurriendo en torno a él y acceder a ensayos, bibliografía y una completísima sección de enlaces que es la puerta a una investigación personal que te hará olvidarte del reloj. Cuidado; es adictivo.


Las redondeces de ciertas letras de un tipo como la Arrus pueden paracer iguales a menos que las superpongamos y descubramos la complejidad del trabajo del tipógrafo, que ha de crear desigualdades para que percibamos armonía, equilibrio y elegancia.