La paz de Holtom



Este pasado jueves comencé a impartir un nuevo curso de técnico auxiliar en diseño gráfico y dio la casualidad de cumplirse cincuenta años del nacimiento del que hemos venido a conocer como símbolo de la paz.

A través de muchos medios de comunicación nos hemos familiarizado con el nombre de su autor, Gerald Holtom, con la historia de su creación para el británico Comité de Acción Directa contra la guerra nuclear y nos han explicado cómo su simbolismo de ha ido ensanchando a lo largo de estas décadas.

Lo que yo voy a comentar son un par de momentos que recuerdo haber leído de la relación de Holtom con su símbolo.

Para empezar, se tiene constancia de que al pobre no se le ocurría nada que le gustara y que finalmente, desesperado, se dibuja a sí mismo así de desesperado: una figura con los brazos extendidos hacia abajo. La anécdota es que llega a compararla con la figura del “campesino de Goya ante el pelotón de fusilamiento”. Entendiendo que se refiere al archiconocido lienzo del 3 de Mayo (curiosamente este año también se cumple el bicentenario del levantamiento), o bien no recuerda correctamente el cuadro o lo confunde con un grabado de la serie Desastres de la guerra titulado Tristes presentimientos de lo que ha de acontecer, que sí muestra una figura en esa posición. Tampoco tiene mayor importancia.

Este testimonio anula cualesquiera otras interpretaciones del símbolo, desde la adecuada comparación con la posición de los brazos de quien represente en el lenguaje de las banderas —utilizado para la comunicación visual entre navíos de guerra— las iniciales de la expresión “Desarme Nuclear” (una línea vertical para la D y un ángulo apuntando hacia arriba para la N), hasta las desquiciadas teorías ocultistas, pasando por la difundida y romántica idea de la huella de paloma.

Sea como fuere, cuando Holtom entrega el proyecto lo hace sin ilusión. La figura le parece débil, inconsistente. No intuye la aceptación que va a tener en el futuro. Yo opino que posee los elementos de sencillez e identidad que dan fuerza a un signo. La inmediatez en su reconocimiento y la facilidad con que puede adoptarse, pintarse, dibujarse por personas ansiosas de usarlo como bandera, son claves de su éxito.

Por medio de su sobrino Tim tenemos conocimiento de un episodio que desencadenó un cierto rechazo de su dibujo original: durante la primera marcha a Aldermaston, en la que el símbolo se estrenó, Holtom se acercó a un quiosco a ver cómo la prensa recibía su icono. Al preguntarle a la chica del quiosco si le gustaba, ésta le dijo que sí, pero que los “brazos” caídos le resultaban un poco depresivos… ¿acaso la paz no era algo que debía ser celebrado?

Desde entonces, su creador, a nivel personal, comenzó a usar su icono invertido. Tim recuerda felicitaciones de navidad de su tío con estos símbolos invertidos. Es más: Holtom deja expresado en su testamento el deseo de que tal símbolo invertido se grabe en su lápida. Deseo no respetado, pues en su tumba de Kent pueden verse dos símbolos de la paz con los brazos hacia abajo.


[izq.] Gerald Holtom, [cen.] el grabado de Goya presuntamente inspirador y [der.] mi pequeño homenaje.