Las guerras vectoriales



Imagina que quieres hacer un dibujo superponiendo trozos de cartulinas de colores sobre un soporte. Imagina que tienes cartulinas de todos los colores imaginables y que puedes recortarlas con suma facilidad; es más: una vez cortadas puedes tirar de los bordes de un recorte para hacerlo mayor o menor, para curvar el mismo borde o moldearlo a tu antojo. Superponiendo estos recortes —con paciencia, muchos de ellos— podrías plasmar cualquier imagen y, una vez adquirida cierta habilidad, empleando muy poco tiempo. Pues bien, éste es el principio de los programas de diseño vectorial. Unas aplicaciones que nos permiten disponer de más cauces para nuestra creatividad de los que se han disfrutado nunca.

Y como ocurre con demasiada frecuencia en diferentes ámbitos de la vida, en esto también hay quien se dedica a echar carreras para ver quién las tiene más largas (las alas). Existen decenas de programas que permiten hacer lo que he descrito —aliñado con otras herramientas más o menos útiles— y apenas media docena de nombre conocido por los que nos dedicamos a esto.

Con el tiempo te ves abocado a tener que utilizar dos o tres de ellos e inevitablemente te decantas por uno, que, por la razón que sea, te resulta más cómodo. Hay campos en que la evolución tecnológica es incesante, pero el desarrollo de aplicaciones vectoriales no es uno de ellos. La edición vectorial es ya un medio insustituible para los diseñadores, pero el número de herramientas básicas que te permiten hacer casi cualquier cosa es muy limitado. Año tras año las multinacionales del software gráfico se empeñan en vendernos la última versión de un programa al que añaden un par de cambios insustanciales. Los métodos para manipular imágenes vectoriales son éste, ése y aquél, y hay una manera racional de presentarlos y facilitarlos. Hace mucho tiempo que todas las grandes aplicaciones vectoriales llegaron a ese punto. Fue un proceso de homogeneización al final del cual podíamos encontrar las mismas herramientas prácticamente en el mismo sitio dentro de cada una de ellas. Si de forma usual trabajabas con una, te bastaba un rato de jugueteo para defenderte con su competidora.

Yo uso habitualmente CorelDRAW, que no es mejor ni peor que FreeHand o Illustrator. Es diferente… pero tampoco tanto.

Cuando algún colega usuario de, por ejemplo, FreeHand, ha querido bronca, siempre le he desafiado a reproducir un trabajo mío compuesto en CorelDRAW, o al revés: me ofrezco a ejecutar cualquier obra nativa. ¿Por qué puedo hacerlo? Porque conozco muy bien mis herramientas y conozco un buen número de ellas. Me capacitan para ejecutar cualquier idea que se me ocurra a mí o pueda ocurrírsele a alguien. En eso, opino, hay que emplear el tiempo y el esfuerzo: en ser profesional… que no significa tener un título sobre cartulina satinada. Como ya he dicho antes en este mismo espacio, la herramienta no es el oficio; el oficio eres tú. Tu imaginación, tu creatividad, tu perspicacia.

He tenido la necesidad de escribir esto por varias razones. Una de ellas es que la comparación entre estos programas suele ser motivo de infructuosa porfía en numerosos foros especializados —con nobles excepciones—, para pasmo de la pobre persona que, no sabiendo mucho del tema, pregunta con la única intención de acceder a información objetiva que le permita construir su propia valoración.

Otra es consecuencia de la compra de ciertas empresas de software por parte de sus competidoras (hay varios casos en los últimos años). En uno de estos lances —al ser adquirida Macromedia por Adobe—, FreeHand terminó conviviendo con Illustrator. De resultas (parece ser, porque aún no hay confirmación oficial, aunque sí una descarada relegación en su página web y “sutiles” documentos que animan a la migración), se va a hacer desaparecer al visitante en menos que se dice “¿por dónde salgo?”. ¿De veras merece la pena ponerse amarillo cuando vete tú a saber si mañana no te va a quedar más remedio que trabajar con lo que denostabas?


Los objetos vectoriales son, en su forma más sencilla, planos coloreables que se superponen.