Delenda est imago


Serie REESCALADO DE IMÁGENES / 2
“Delenda est Carthago”
[“Cartago debe ser destruida”]

—Marco Porcio Catón

El diseñador trabaja con elementos que no han sido generados por él mismo: textos e imágenes que debe tratar con el máximo cuidado, tanto por respeto a sus autores como velando por la calidad del producto final. Del mismo modo que al maquetar una publicación nos parece una barbaridad eliminar un párrafo porque no nos cabe en una página, debemos ser conscientes de lo que significa modificar el tamaño de una imagen de mapa de bits.

Una máquina comienza a perder funcionalidad desde la primera vez que se utiliza; así también una imagen se degrada con cada intervención por nuestra parte. Este hecho empírico debe regir nuestras decisiones cuando lo que necesitamos es aplicar un cambio tan drástico como el reescalado de una imagen, que, como sabemos, implica el recalculado de las componentes de color de todos los píxeles de la imagen original y la creación de nuevos puntos o la eliminación de hileras de ellos.

Hemos visto en Puentes entre puntos la naturaleza y potencia de las herramientas que Photoshop posee para esta tarea, pero lo que debe quedarnos claro es que no hace milagros.

Centrándonos en el tema más interesante para cualquiera que trabaje con imágenes digitales, es decir, el aprovechamiento de imágenes pequeñas o de escasa resolución, pueden encontrarse a todo lo ancho de la red consejos, tutoriales y cursos completos para reescalar imágenes sin pérdida de calidad. Numerosos programadores han desarrollado aplicaciones informáticas basadas en algoritmos complejos con el mismo fin —incluso se establecen pruebas comparativas entre ellos—. En definitiva, un despliegue de esfuerzo que yo considero baldío si observamos todo el fenómeno con la distancia necesaria.

Tomemos, por ejemplo, uno de los métodos más populares de ampliación de imágenes “sin pérdida de calidad”: la ampliación bicúbica progresiva en aumentos del 110%. Como te podrás imaginar consiste en aumentar el tamaño de la imagen un 10% mediante el remuestreo bicúbico (el que ofrece resultados más limpios en Photoshop) tantas veces como sea necesario hasta alcanzar las dimensiones deseadas. Sus defensores apuntan que el resultado de aplicar, digamos, cinco incrementos sucesivos del 10% sobre una imagen da mejores resultados que ampliarla de golpe al tamaño final.

No entro a analizar este método (ni ningún otro) porque, sencillamente, se basa en premisas erróneas. Lo esencial es que tras la primera ampliación, los únicos píxeles que van a mantener sus componentes de color originales son los cuatro de las esquinas (y a veces, ni eso). Ahí está la cuestión: la información de color original es valiosa, hay que preservarla tanto como sea posible y no sacrificarla alegremente como primera opción. Sí, Photoshop es una herramienta magnífica, pero tras varias ampliaciones sucesivas lo que vamos a conseguir es una homogeneización de los tonos semejante al resultado de un desenfoque, y, desde luego, una imagen desenfocada tiene un uso limitado dentro de una tarea de diseño. Otra cosa es que la imagen ampliada de este modo vaya a ser enmarcada y colgada en tu salón y no te importe subjetivamente el emborronamiento de los tonos, pero esta bitácora va del oficio y la práctica del diseño gráfico.

Por otra parte, entiendo el orgullo profesional que puede sentir un programador al desarrollar una aplicación que, basada en algoritmos propios, mejore los resultados que la tecnología brindaba hasta ese momento en un cierto proceso. Se trata de un ejercicio válido en sí: el programador se prueba creando herramientas. Lo que no puedo entender es que un diseñador considere dicho ejercicio como válido para su labor. Una imagen ampliada jamás tendrá objetivamente más calidad —ni siquiera la misma— que su original: siempre se degrada. Y los diseñadores gráficos no debemos, bajo ningún concepto, utilizar imágenes degradadas.

Tenemos a nuestra disposición fotógrafos, cuyo oficio es proporcionarnos imágenes de calidad; tenemos bancos de imágenes, algunos de los cuales nos ofrecen imágenes estupendas por unos pocos euros; proliferan las comunidades de intercambio de imágenes, que nos permiten su uso a cambio de una mera mención de sus autores en nuestro trabajo… ¿de veras merece la pena perder tiempo y esfuerzo con una imagen insuficiente que lo seguirá siendo al final del proceso?


Detalle de una imagen de baja calidad.


La misma imagen tras ser ampliada un 500% utilizando el algoritmo Lanczos, un métodos de interpolación matemático. A pesar de que el resultado es espectacular atendiendo al aprovechamiento de la información del original, no es una imagen que un diseñador pueda utilizar en un proyecto.