El modernista inflexible



PAUL RAND
1914 : Nueva York . EUA
1996 : Norwalk . EUA


Lo considero un maestro por razones diversas. Ante todo por la evidencia de su trabajo: la simplicidad esencial de la forma, el color como mensaje en sí, la naturalidad que convierte en poderosa una composición…

Algún crítico dirá que es fácil ser pionero cuando está todo por hacer, pero ahí entra otra de las razones de mi admiración: él fue el primero que defendió que quien tenía que hacerlo era una nueva clase de personas que no eran los impresores —inmersos en un oficio que no toma la imaginación como herramienta— ni tampoco los artistas gráficos —combatientes consigo mismos y con su entorno—. Creyó en que un diseñador gráfico debía alimentarse de todo ello, del arte y de la técnica, asimilarlas, y que le permitieran así expandir su creatividad y saber reproducir factiblemente las ideas en la tarea cotidiana de impulsar el mensaje a transmitir. Algo, esto último, que en él constituía, más que convicción, dogma: la conciencia de que el objetivo de ese oficio que nacía era servir de medio, no ser fin.

El crítico contraatacará recordando el hosco empecinamiento de Rand en la defensa del modernismo como único medio expresivo. Es cierto que Rand se sentía pleno y cómodo en las vanguardias europeas de su época y que las introdujo en su país como escenario idóneo de trabajo. Pero fue la vía por la que decidió mostrarse y, vistos los resultados, no fue una mala elección ni una apuesta débil. Además, ¿qué actitud puede esperarse de alguien que empezó a brillar muy joven con ideas muy claras, que casi inventó una nueva profesión a medida que vivía y que ejercía un nivel de control sobre su trabajo tal que apenas delegaba en su equipo?

La red está cargada de información sobre Paul Rand, sobre todo desde que hace algunos meses dispone de página propia. Yo he querido presentártelo a través de estas reflexiones que te he dejado y con las que me identifico íntimamente: la dualidad hormiga-cigarra que nos hace diseñadores gráficos y no otra cosa, y la carga de perfeccionismo que debemos a la calidad formal de nuestras obras, aunque siempre al servicio del producto.


[izq.] Paul Rand, [cen.] portada de un boletín del Museum of Modern Art y [der.] su célebre juego de conceptos para el logotipo de IBM.