Equilibrios de color

Serie USO DEL COLOR / 2

Vamos a utilizar el círculo cromático para conseguir armonías de color: conjuntos de colores que, al ser utilizados en la composición de un proyecto, ayudan a su equilibrio. Estas armonías se pueden conseguir bien mediante analogía, bien por contraste entre los colores.

Un conjunto de colores análogos consiste en variaciones cercanas a un tono base. El resultado va ser armonioso por utilizar colores similares, pero estará “polarizado”, es decir, la impresión general va a poseer un matiz general. Un conjunto de colores contrastados va a percibirse con mayor riqueza tonal; el equilibrio aquí se consigue por la “anulación” perceptual de los colores. Explico esto último: los colores están dispuestos en el círculo cromático de manera que los que están diametralmente opuestos son complementarios; esto significa que si los mezclamos en proporciones idénticas el resultado es neutro —tan neutro como que es un gris a medio camino del blanco y el negro. Más neutro imposible—. Sus componentes de color “encajan” como piezas de rompecabezas para dar las de ese gris. Pues bien, al utilizar colores complementarios (que contrastan al máximo) en un proyecto conseguimos que quien lo observe perciba la neutralidad (la serenidad, el equilibrio) resultante de ver esos colores combinados.

Atendiendo a estos dos conceptos (y mezclándolos a su vez), podemos obtener diferentes tipos de armonía cromática:

La armonía de análogos se produce entre colores que ocupan lugares contiguos y equidistantes en el círculo cromático. Analogía pura.



Los colores complementarios, como sabemos, aparecen opuestos y se “anulan” visualmente. Contraste puro.



La tríada equidistante es el contraste perfecto entre tres colores.



La armonía de dobles complementarios utiliza el principio del contraste, pero aplicado a dos pares de colores opuestos. Llevado al extremo, es decir, a hacer los cuatro colores equidistantes en el círculo, se produce un equilibrio perfecto entre ellos. Puede generarse este tipo de armonías “equidistantes” entre cinco, seis o más colores, pero el uso de más de cuatro diluye el efecto y el contraste deja de percibirse.



La armonía de complementarios divididos parte de un color y al que se unen los adyacentes (dos o cuatro) al que sería su complementario. Se consigue una gama más rica y atenuada que con el par de complementarios.



La armonía monocroma se basa en un color al que se añaden variantes de luminosidad y saturación del mismo. Es una analogía limitada a un tono.