Asociaciones de diseñadores gráficos



Las asociaciones profesionales son comunidades de personas que se ganan la vida —o eso pretenden— mediante una misma actividad. Surgen como medio de compartir experiencia, de buscar y encontrar ayuda entre pares, de formar y formarse, de solucionar en común nuevos problemas, de organizar y promover actividades relacionadas con su actividad que enriquezcan al colectivo. En nuestro caso, y aún hoy, también se trata de dar a conocer y dignificar nuestra labor.

En España tenemos la Asociación de Directores de Arte y Diseñadores Gráficos (ADG-FAD), quizá más conocida por estar detrás de los premios Laus, “los premios de diseño gráfico de más prestigio en nuestro país” según reza en su página. No, abuela no tienen. La sigla FAD es por Foment de les Arts i del Disseny, la asociación madre que engloba a la ADG y a otras cinco asociaciones de trabajadores de todas las ramas del diseño: industrial, moda, joyería, artesanía y arquitectura. Del millar y medio de profesionales que acoge, la mitad forman la ADG.

Además disponemos de otras asociaciones similares de ámbito territorial menos extenso, como la Asociación Andaluza de Diseñadores (AAD). La completa sección de enlaces de su página es una estupenda guía para conocer las demás, e incluso las internacionales: el principio es el mismo pero a nivel planetario.

La mayor parte de estos grupos tienen carácter privado, sin ánimo de lucro y se sostiene por las aportaciones de sus socios. El pertenecer a una depende pues de las posibilidades económicas de cada cual —y en muchos casos de la cantidad y calidad de trabajos tuyos que ya hayan visto la luz, pues en algunas la inscripción está supeditada a la evaluación por parte de los responsables de la asociación del currículum o una muestra representativa de proyectos— y del aprovechamiento de las contrapartidas que se pueden obtener. Yo no formo parte de ninguna precisamente por esto último. Los posibles descuentos en distintos servicios y en la adquisición de publicaciones relacionadas con la asociación no amortizan las cuotas. Tampoco dispongo de la flexibilidad necesaria para asistir a los cursos, encuentros y actividades patrocinadas que justificarían el desembolso. Pensando en mis alumnas y alumnos y recordando cómo estaba yo cuando empecé, asociarse no es algo recomendable cuando empiezas a buscarte la vida, a menos que dispongas de ciertos ahorros y veas la oferta formativa de la entidad y la red de contactos a la que pertenecerías como merecedoras de la inversión.

Dejo para un comentario aparte un tema, relacionado en cierta forma con las asociaciones, que trae cola: la promoción o convocatoria de concursos.


Una de las salas de la Sociedad Económica de Amigos del País que acogió la exposición "Diseño contra contaminación visual" de Mayo a Junio del año pasado —aún no existía esta bitácora—, organizada por la aad.