Méritos



Imaginemos la escena: entre aplausos, una persona se acerca al centro de los focos y recibe de otra persona un apretón de manos y algún tipo de trofeo o documento. Más allá de que al protagonista de la fantasía le pongamos nuestro rostro, hoy quiero hacer notar que lo descrito puede ser la guinda de tres procesos diferentes: un premio, un certamen o un concurso.

Hablamos de “premios” cuando una entidad los concede para recompensar los méritos de alguien en concreto o elige entre las candidaturas presentadas por colegas de los aspirantes. Existe una intención de reconocer a alguien que ya ha demostrado su valía.

Un certamen es una competición con la que se pretende estimular, darle vida a una cierta actividad otorgando premios. Se justifica por la misma participación.

Un concurso es una competición entre ideas apropiadas a la resolución de un problema concreto, de entre las cuales la organización elige la que cree mejor. El objeto es, pues, práctico. Y es aquí donde hoy me voy a detener. Para empezar, la idea de concurso ya resulta un tanto injusta con nuestra profesión, ya que por mucho menos de lo que constaría encargar el trabajo a un diseñador, los organizadores van a disponer de gran cantidad de opciones. Si para colmo estos últimos ignoran o no prevén sus propias necesidades en cuanto a identidad o promoción, el tinglado puede ser lamentable. Pero sigamos…

Suele ocurrir que cuando tienes conocimiento de las asociaciones de diseñadores, mientras te informas de su filosofía y actividades, te enteras de que están vinculadas a ciertos concursos, cuando no son ellas las que los organizan. Ya puestos, lees las bases de esos concursos y comienzas a crearte opiniones que hay que meditar. Expongo a continuación las distintas modalidades de concursos que podemos encontrar…

A un concurso abierto se puede presentar cualquiera, no hay restricciones.

Existen concursos remunerados, es decir, la organización paga una cantidad a los participantes por su esfuerzo y el tiempo que van a dedicarle al proyecto. Naturalmente, son elegidos por su reputación. Se asegura así la calidad en las propuestas y la formalidad en la presentación.

Y están los concursos restringidos no remunerados. Los organizadores elige a los concursantes, pero no suelta un duro. Aquí ya no hay do ut des: la calidad está garantizada a cambio del mero honor de haber sido escogido. Aunque el criterio de selección es tan subjetivo como en el caso anterior —yo pago, yo elijo, ¿algún problema?—, el hecho de no haber remuneración lo hace más criticable, sobre todo cuando en muchos casos es el concursante el que tiene que pagar por participar.

Este es el punto candente, y antes de seguir quiero aclarar que esta condición la podemos encontrar en cualquier tipo de competición de las que estoy hablando en este artículo y no es una característica exclusiva del concurso “cerrado” no remunerado, aunque —todo sea dicho— acostumbren a ir parejos.

La organización suele reclamar una cierta cantidad por obra presentada para cubrir los gastos de orden logístico que supone la recepción, manipulación, almacenaje y transporte de las obras. Algo sensato en el caso de organizaciones con un presupuesto limitado que deseen ofrecer un premio apetitoso. Otra razón menos práctica (bueno, según se mire) es la de disuadir a diseñadores advenedizos de presentarse.

Asunto peliagudo: un diseñador que empieza —y que el dinero que gana lo necesita para vivir— puede tener tan buenas ideas —y tan adecuada praxis— como un profesional cotizado; con esta práctica los convocantes pueden estar perdiéndose esas buenas ideas a cambio de una cierta calidad sin sorpresas, una realidad tan admitida como habitual que no promueve la práctica del diseño ni ayuda a los nuevos valores, supuestos objetivos de muchas asociaciones.

Lo claro es que el razonamiento “si te pago te lo tomas más en serio” no es necesariamente cierto, y que con “si tienes que pagar te lo tomas más en serio” el diseñador pobre y honrado pierde siempre. A éste tampoco le ayuda el hecho —razonable a todas luces— de que los miembros de usa asociación obtengan descuentos en las tarifas de participación en concursos patrocinados.

El debate sobre este tema puede ser seguido y alimentado en la red. Yo me permito enlazar un manifiesto de la ADG al respecto.


[izq.] Trofeo del Premio Chile Diseño. [cen.] La galería 1arte.com dispone de una sección informativa sobre concursos exhaustiva y actualizada. [der.] Cuando un curso coincide en el tiempo con el Francisco Mantecón de carteles, animo a mis alumnas y alumnos a participar como actividad complementaria.