No es fantástico



l lunes se inauguró la primera Bienal Iberoamericana de Diseño, organizada por la Asociación de Diseñadores de Madrid; una nueva muestra multidisciplinaria, otra ocasión de conocer y aprender. Entre los seleccionados para exponer su obra está Oscar Mariné, sobre el que quería hablar desde hace unos días acerca de un cartel que se ha visto mucho este mes por aquí.

Vaya por delante mi convencimiento de que es uno de los maestros actuales del diseño gráfico de nuestro país. Lo que ocurre es que su creatividad me parece un péndulo que oscila entre lo magistral y lo plano. Por desgracia su último trabajo para Málaga lo incluyo en el segundo apartado.

Pongámonos en contexto: la organización de la Semana Internacional de Cine Fantástico —que lleva celebrándose en nuestra ciudad desde 1990— ha querido este año dotarla de una nueva denominación y una imagen de marca que faciliten su promoción presente y futura. El evento es ahora el Festival de Cine Fantástico, más conocido (esperemos) como “Fancine”.

Su autor asegura que “es una palabra que nos diferencia”. Yo creo que hasta que pasen un par de años, cuando alcance la repercusión adecuada y nos hayamos acostumbrado, es más bien una palabra confusa. Por un lado es homófona de fanzine, una palabra asentada en el léxico cultural que pertenece a otros ámbitos de la creación. Por otro, los elementos de la palabra pueden entenderse mejor como “aficionado al cine”; el que “fan” venga de “fantástico” no es tan obvio para quien reciba el vocablo por vez primera.

Es necesario tratar con cuidado el cambio de identidad de un festival que va por su decimoctava edición o su historia se diluirá y se percibirá como algo desgajado. Si bien la introducción de un término alrededor del cual gire la identidad es una buena idea, el escollo que supone la elección de uno ambiguo puede —debe— ser salvado con el apoyo de tantos elementos gráficos como el diseñador crea conveniente para la transmisión de la nueva envoltura de un producto con solera.

Ahí está el problema: Mariné se entrega a su pasión por las composiciones tipográficas de tipos condensados y no da ninguna pista. Yo, que al menos conozco la existencia del festival, tuve que acercarme (cierto es que se ve desde muy lejos) a leer la denominación para establecer la conexión. El cartel fallaba en lo que creo que debe ser su misión: no era soporte y lucimiento del mensaje, sino un mensaje nuevo y desligado de todo. Teniendo en cuenta que un tema como el cine fantástico da para mucho en cuestión de creatividad —y de ello dan fe, sin ir más allá, los carteles de las ediciones anteriores—, me parece una oportunidad perdida. El blanco y negro y los caracteres sin alinear no transiten los significados pertinentes; ni hay festival, ni hay cine, ni es fantástico.

Postdata: toca un poco las narices que a los diseñadores reconocidos se les permita no utilizar los imagotipos de los colaboradores, cuando a los demás pueden llegar a volvernos locos por cuestiones de orden, preeminencia, disposición, ubicación, visibilidad y colores de los mismos.


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