Sangría de documentos



na vez impresos, la mayoría de nuestros trabajos deberán someterse al proceso de corte y, si es necesario, plegado. El corte puede realizarse mediante guillotina —si el formato resultante va a ser un paralelogramo— o troquel —si el contorno va a ser más complejo—. Debemos tener esto en cuenta desde la misma planificación del trabajo, pues dependiendo del método de corte debemos preparar el proyecto de una u otra manera.

En cualquier caso, debemos sangrar los elementos de la composición que tengan contacto con el borde del formato definitivo, es decir, hacerlos sobresalir de ese borde. La razón está en la precisión de la máquina que va a efectuar el corte. A pesar de que la tecnología permite cada vez una exactitud mayor, en cualquier proceso automatizado hay que contar con cierto grado de variación debido a la gran cantidad de factores que influyen. Así, una cuchilla puede pasar exactamente por la línea que deseamos… o bien existir un desplazamiento de aquélla respecto al soporte impreso de una fracción de milímetro. Si no dejamos sangría en nuestro proyecto puede ocurrir que el corte sea exacto —o incluso que se desplace hacia el interior de la impresión, cortando algo más de lo debido— y el resultado final no se vea afectado; pero si el desplazamiento es hacia el exterior de la impresión, aquellos elementos que hayan sido colocados a sangre, es decir, en contacto con el borde del documento, van a presentar una línea blanca (o del color que sea el soporte) más o menos ancha que deslucirá el conjunto. Se trata, pues, de prever resultados no deseados.



El hecho de que la tecnología avanza queda patente en la magnitud de la sangría. Hace años las imprentas te pedían que dejaras medio centímetro de sangría, mientras que en la actualidad les basta con tres milímetros.



En el ejemplo he utilizado una imagen (además de un área coloreada) a sangre —alineada al borde— y sangrada —sobresaliendo por el exterior del documento— y he simulado un error de corte. Naturalmente, la segunda opción es la correcta, pero hay que hacer notar que cuando se trate de imágenes, éstas van a ocupar más espacio del que en principio teníamos previsto. Por lo tanto, no debemos dejar la resolución demasiado justa o nos quedaremos un poco cortos si hemos de ampliarla. Además vamos a “sacrificar” una porción en la sangría, por lo que la elección de las imágenes debe hacerse tras una maqueta previa que nos indique dónde van a ir y nos decantemos por las que no presenten elementos gráficos importantes cerca de los bordes que se van a desaprovechar.