Una asimetría insospechada



i no nos fijamos bien cuando lo tenemos en nuestras manos puede parecer que las tres partes —palas, hablando con propiedad— de un tríptico tradicional son iguales. En realidad, la pala que queda envuelta por las otras dos es más estrecha. La razón está precisamente en ese hecho: al quedar plegado el tríptico, el extremo libre de esa pala debe encajar con cierta holgura en el pliegue que une las otras dos. La ilustración inferior muestra el plegado del tríptico y un esquema donde —exagerado el grosor del papel— se hace más patente la necesidad de que la pala que queda envuelta deba ser más estrecha.



Como puede observarse, ese pliegue consiste en una cierta cantidad de papel doblado, “robado” en términos de dimensiones al ancho de las palas. Al tiempo, impide que la tercera pala pueda tener las mismas dimensiones que las otras dos. Por despreciable que pueda parecer en principio la cantidad de papel “empleada” en el pliegue y el espacio que éste ocupa, la experiencia nos muestra que de obrar de otro modo sólo conseguiríamos doblar y arrugar el borde del tríptico, forzado a alojarse en un hueco menguado.

Ni que decir tiene que el grosor del papel es el principal factor a tener en cuenta a la hora de decidir en qué medida debemos reducir el ancho de la última pala, valor que suele oscilar en la mayoría de las ocasiones entre 2 y 4 milímetros.


« Detalle de la diferencia de tamaño entre la pala central (blanca) de un tríptico tradicional y la pala menor (gris). En este caso el hueco son 3 mm. para un trabajo impreso sobre papel de 150 gr.