La escala en imagotipos agrupados



a tarea de insertar los imagotipos necesarios en los créditos de un proyecto —la promoción, por ejemplo, de una actividad en la que están implicadas entidades organizadoras, colaboradoras, participantes… en lo que puede ser una compleja escala de implicación— debe ser afrontada con cuidado.

En primer lugar se nos deben proporcionar tan pronto como sea posible todos los imagotipos que hayan de aparecer; es una tarea administrativa que exige previsión, agilidad y coordinación. Deben dársenos en formato vectorial para evitar problemas de escala; de no ser así y disponer sólo de imágenes de mapa de bits, por lo menos que sean del mayor tamaño y resolución posibles.

Debemos conocer el grado de importancia o implicación de cada entidad en el proyecto: habrá organizadoras, puede haber patrocinadoras e incluso algunas que contribuyan de modo testimonial. Los niveles semejantes de intervención nos llevarán a agrupar sus imagotipos bajo un epígrafe que lo exprese y estos grupos, a su vez, suelen aparecer por orden descendente de importancia, criterio que incluso puede afectar al tamaño de los imagotipos por grupo.

De cualquier modo, en la práctica no existe una regla fija, ya que en muchas ocasiones una empresa exige que su imagotipo aparezca destacada dentro de un grupo, o desvinculada de la imagen de otra, etc. Todos estos matices “diplomáticos” nos deben ser aclarados cuanto antes… aunque suelen variar incluso a lo largo del desarrollo del proyecto.

En un caso fácil en el cual la importancia venga señalada meramente por el orden de presentación de estos grupos, aún habrá que cuidar que el peso visual de todos los imagotipos (por lo menos, dentro de un mismo grupo) sea semejante. No podremos, por ejemplo, elegir una medida horizontal a la que escalar todos los imagotipos, ya que, por ejemplo, los de formas “cuadradas” parecerán —de hecho, serán— mayores que los alargados horizontalmente. Como las formas pueden ser dispares, tampoco aquí existe regla matemática que poder aplicar. Es tarea nuestra que las áreas ocupadas por los distintos imagotipos se perciban como iguales y son muchas las características que influyen en esta percepción: los claramente horizontales se distinguen mejor que los claramente verticales por nuestro sentido de lectura, los formados por elementos dispersos o con bordes irregulares habrá que aumentarlos para equilibrar el peso de las formas compactas… la abstracción, el estilo de las fuentes usadas en los logotipos, la intensidad de los efectos de relieve o sombreado que puedan presentar son otros factores a tener en cuenta.

Habrá que decidir un tamaño de referencia y para ello lo mejor es tomar el imagotipo menos legible. A partir de un tamaño que permita “leerlo” correctamente, los demás se escalarán según el criterio de las áreas que hemos comentado.


« Insertar los imagotipos con una misma medida ayudará a evaluar su legibilidad. Una vez identificado el menos legible [el de la derecha en el ejemplo], se escalarán todos —si es necesario y posible— hasta que aquél sea claro « Es entonces cuando habrá que ir escalando los demás para que las áreas que ocupan se perciban como semejantes