La delgada línea negra


Serie TRABAJO CON CONTORNOS / 1

gual que el dibujante piensa en trazos y la pintora en pinceladas, quien use un programa vectorial tiene en mente vectores, esas líneas elásticas que nos proporcionan tanta libertad creativa y que, en pantalla, comienzan siendo líneas visibles —denominadas contornos, trazos...—; y digo que comienzan porque cuando un objeto vectorial posee un relleno que lo destaca del fondo ya no es necesario el contorno para identificarlo. Y al llegar a este punto recomiendo a mis alumnas que se deshagan de ellos tan pronto como les sea posible. Los contornos dan problemas.

Es cierto que en la fase de trazado y composición, tener a la vista los contornos resulta útil, pero en un momento dado debemos pararnos y preguntarnos si de verdad hacen falta. Si es que no, fuera.



Y si es que sí, no se debe olvidar que son entidades engañosas; por ejemplo, poseen un grosor que puede afectar al aspecto del objeto en operaciones de escalado:



Pueden alterar visualmente las alineaciones de objetos, ya que para estas operaciones, los programas sólo suelen tener en cuenta los límites del relleno (el objeto en sí) y no el borde suplementario que añade un trazo grueso:



Un ilustrador preferirá entidades más modelables que un mero contorno para dar realce a sus creaciones:



Usar trazos gruesos para crear objetos simples ahorra peso al archivo, pero puede ser una pesadilla cuando esos mismos objetos dejan de ser simples:



¿Cómo evitar todo esto? Primero debemos conocer la naturaleza de los contornos para aprovechar sus ventajas y olvidarnos de ellos cuando los inconvenientes no nos compensen.